Pedir ayuda también es maternidad

A propósito del día de la salud mental materna quería hablar sobre algo que llevo tiempo queriendo contar, lo escribo hoy porque esto no caduca y porque este blog es exactamente eso, un espacio donde la honestidad tiene propósito y la conexión es real.

Lo que vengo cargando

Crecí rodeada de violencia, de situaciones que una niña no debería vivir y que sin embargo forman parte de mi historia, esas cosas no desaparecen cuando creces ni cuando te conviertes en mamá, se quedan contigo, en tu cuerpo, en tus reacciones, en los miedos que aparecen cuando menos los esperas.

De mayor, la vida me siguió poniendo a prueba, mis dos partos terminaron en hemorragias, el primero fue tan grave que estuve cerca de no contarlo y durante mucho tiempo seguí adelante como si nada de eso hubiera pasado, como si el cuerpo no guardara memoria, como si ser fuerte significara no mirar atrás y no lo cuento para generar lástima, lo cuento porque sé que muchas personas hacemos exactamente lo mismo, seguir, aguantar, funcionar, sin saber que eso también tiene un costo y muy alto en nuestra salud mental.

Lo que me estaba pasando

Durante años viví con algo que no sabía nombrar, ANSIEDAD, esa que aparecía sin avisar, la sensación de estar perdida, bloqueada, paralizada, con ganas de avanzar pero sin poder, el agotamiento mental, luego apareció el miedo a volar, en 2022 volé a mi país Costa Rica con mi esposo y mi hija, nunca había estado tan nerviosa en un avión, tuve que esperar a que mi hija se durmiera para romperme a llorar de frustración, de miedo, de sentir que todo estaba fuera de mi control, pero lo volví a intentar en 2024 y todo fue a peor, hoy en día sigo sin animarme a tomar un avión y desde que soy mamá ese miedo tiene otra dimensión, hay mucho más en juego, todo eso conviviendo conmigo sin que yo entendiera del todo por qué, hasta que un día me encontré con una masterclass sobre trastornos perinatales, la psicóloga hablaba de síntomas de depresión postparto y del transtorno de estrés postraumático, que esto hace parte de mi trabajo de asesora, que más allá de comprender el sueño del bebé, es enfocarnos también en mamá, y mientras la escuchaba algo en mí se encendió, esto me está pasando a mí, no lo había nombrado así antes, no lo había conectado, pero estaba todo ahí, todo normalizado, viviendo con ello, decido acudir a ella sin saber que detrás de todo eso había mucho más que resolver..

El momento en que todo tuvo sentido

Adentrándonos en mi historia entendimos que ese miedo y esa ansiedad no eran aislados sino que se relacionaban con el pasado que venía arrastrando, con patrones que el cuerpo guarda aunque la mente crea que ya los superó, dos hemorragias postparto, cargando esto seis años pensando que estaba resuelto, una infancia con cosas muy duras, violencia, abuso, todo conectado, todo con un nombre, fui diagnosticada con Transtorno de Estrés Postraumático (TEPT) y cuando algo tiene nombre, ya no estás sola con ello, ya sabes como lo debes resolver.

Hoy estoy en terapia porque hay momentos en que no basta con cambiar el diálogo interno, cuando creciste en modo supervivencia, cuando tu cuerpo aprendió a estar en alerta constante, la hipervigilancia no se va con buena voluntad, mi sistema nervioso aprendió a vivir en alerta, a anticipar el peligro, a no bajar la guardia y para resolverlo hay que llegar a la base, a lo profundo, a trabajarlo desde otro lugar y con una mente más en calma para que mi cuerpo integre mejor la terapia.

Lo que la maternidad removió y lo que nadie te dice

Ser mamá tiene esa capacidad de remover todo lo que creías tener guardado, de sacarte a la superficie cosas que pensabas resueltas, de ponerte frente a frente con tu historia de una forma que no puedes ignorar, y eso puede ser muy duro, especialmente cuando estás criando, cuando hay una vida que depende de ti y cuando sientes que no hay tiempo ni espacio para ocuparte de lo tuyo, pero además de todo eso, existe una presión silenciosa que nadie nombra, la exigencia de rendir en todo, de ser buena mamá, buena pareja, productiva, presente, organizada, de no flaquear, de seguir y cuando encima lo haces sola, lejos de tu país, lejos de tu familia, lejos de la tribu que nunca llegó, ese peso se multiplica.

Yo soy una mamá en el extranjero, yo sé lo que es cargar con todo eso sin una red que te sostenga, sin que nadie te pregunte cómo estás tú y no solo como están tus hijas.

Pero aquí está la verdad que nadie te dice: ocuparte de ti no es un lujo, es parte de criar bien, no porque tengas que estar perfecta para ser buena mamá, sino porque tus hijos merecen una mamá que se cuida y tú mereces una vida que no sea solo sobrevivir; detrás de las noches sin dormir, detrás del agotamiento, detrás de la mamá que siente que no puede más, a veces hay algo más que un bebé que no duerme bien; hay una mujer que lleva tiempo funcionando desde el límite que creció aprendiendo a sobrevivir, que pasó por cosas difíciles y siguió adelante porque no había otra opción y eso también afecta cómo vivimos la maternidad, cómo vivimos las noches, cómo nos sentimos cuando nada sale como esperábamos.

Si el sueño de tu bebé te desborda más de lo que crees que debería, quizás no es solo el sueño, quizás hay algo más que merece atención y reconocerlo no te hace mala mamá, te hace sumamente valiente y consciente.

Pedir ayuda es un acto de amor

Nadie lo hace perfecto, ninguna y aun así seguimos por nuestros hijos, sí, pero también poco a poco por nosotras mismas, y si algo de lo que leíste hoy resuena contigo, quiero que sepas que buscar apoyo es una de las cosas más poderosas que puedes hacer, no como señal de que no puedes, sino como prueba de que sabes lo que necesitas, para ti y para los tuyos, porque pedir ayuda también es maternidad, amor propio; el primer paso hacia una versión de ti que respira un poco más.

Para la niña que fui

Por último esto va para la niña que fui y para la niña que quizás también vive en ti, la que creció demasiado rápido, la que aprendió a sobrevivir antes de aprender a vivir, la que cargó cosas que nunca debieron ser suyas: Te veo, te amo, ya estamos seguras, voy a darte lo que mereces, voy a sostenerte como nadie lo hizo y mis hijas y los tuyos, van a tener una mamá que no es perfecta, pero que es lo mejor que puede ser, porque tú me enseñaste lo que cuesta estar aquí y por eso cada paso que doy también es tuyo.

Ya puedes descansar, yo me encargo 🧡


Gracias por llegar hasta aquí, te abrazo,
Karen

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